Graffiti, Olimpiada y Crítica

La Cultura Crítica es el nombre de un interesante blog que descubrí hace unos días y en el que leí una entrevista a un colectivo llamado “Boa Mistura”, cuya especialidad es el graffiti.

El graffiti, el arte anti-institucional por excelencia, contestatario, espontáneo y barato plantea los suficientes problemas como para resultar muy atractivo.

Me llamó la atención la respuesta que daban en este colectivo a la pregunta de cuál era su misión: “siempre hemos buscado robar sonrisas. Contar historias positivas, inspiradoras, que puedan hacerle feliz a uno cada vez que se encuentra con una de nuestras obras. Por eso escogemos conceptos como “Discover the Diamond inside you” en el barrio de Woodstock en Ciudad del Cabo, o “Beleza”, “Firmeza”, “Doçura” en la favela de Vila Brasilandia en Sao Paulo”.

La forma en la que trabajan, estableciendo vínculos y colaboraciones con quienes viven en barrios pobres parece encomiable y sin duda debe de ser ese proceso lo más significativo de sus realizaciones.

Si no fuera por eso, a mí me recuerdan mucho estos graffitis optimistas y estéticos a los que encargan los dueños de los comercios para evitar que les ensucien las persianas. Son publicidad. ¿Podría ser que algunos políticos maquiavélicos tuvieran la idea de emplear este tipo de graffiti para hacer publicidad institucional? Seguramente ningún artista se prestaría a algo así conscientemente. En todo caso conviene recordar estas palabras de Isidoro Valcárcel Medina: “no hagáis vanguardia asimilable por la política”, dice el artista hipercoherente entrevistado por Antimuseo.

Me parece muy sugestiva la imagen de Banksy de un cuidador de museo ante una pintada enmarcada donde se lee “Smash the system”.  La cultura es reflexión y eso implica consciencia, apropiación, resignificación y también institucionalización. Un ejemplo de esta evolución natural: una aplicación de Conaculta para iPad, Mural Graffiti que muestra el proceso de dos jóvenes creando su obra en la pared del Museo Nacional de Culturas Populares.

Pero sin defender la coherencia a ultranza, el arte puro o cualquier iconoclasia, los graffiti de Bienal me parecen poco creíbles. “Como artistas urbanos creo que tenemos un compromiso importante con lo que hacemos. Nuestro trabajo está en la calle, a la vista de todo el mundo. El diálogo es directo con el espectador y si lo que propones es negativo, influirá de forma negativa en las personas que lo vean” dicen los de Boa Mixtura asumiendo que: 1. el que llaman espectador desea ver su obra, 2. el que llaman espectador reaccionará como ellos esperan. Una cosa es que mediante mecanismos de apropiación tu obra se domestique y otra que nazca ya así. Para mí el arte callejero es una interpelación directa, una intromisión, una apropiación indebida del espacio común que se justifica por la necesidad de alguien de gritar o de expresarse espontáneamente.

Esto, por definición, incomoda. Por eso, la semana pasada en el Londres de los Juegos Olímpicos la noticia era la detención de cuatro graffiteros en una operación de “limpieza” de calles. Uno de ellos, Darren Cullen,  considerado un artista profesional, entre otras cosas por haber trabajado para Adidas y la Royal Shakespeare Company, afirmaba no haber trabajado nunca de forma ilegal. También decía no entender las razones gubernamentales ya que los graffiti de muchas zonas de Londres son un atractivo turístico… Pues, pese a ello las detenciones vienen a poner de manifiesto cómo su relevancia crítica persiste. “Los cuatro graffiteros detenidos han quedado en libertad bajo fianza hasta noviembre, con una larga lista de limitaciones: No pueden acercarse a ninguna sede olímpica, no pueden tener en su posesión sprays de pintura o rotuladores, y tienen el acceso al transporte público limitado”, explica el corresponsal de ABC en Londres.

Mientras tanto Banksy ha firmado dos piezas satíricas: un lanzador de jabalina con misiles (haciendo referencia a los que se han colocado para proteger la competición olímpica) y un saltador de pértiga que cae en un mísero colchón abandonado en la calle.

No sé calcular qué incide de forma más beneficiosa en el espectador, si los que son considerados por sus emisores com mensajes positivos o los críticos o negativos. Lo que sí es comprobable es la posibilidad que tienen unos y otros de ser instrumentalizados.

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Un comentario Agrega el tuyo

  1. sabope dice:

    Por cierto, muchas gracias por enlazarnos!!! ahora me pongo al día con los post nuevos que has escrito!! el de las fotografías me parece muy interesante 😉

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