Museo social frente a museo elitista

 ¿Es el museo social el opuesto al museo elitista decimonónico? Según Jane Morris en este artículo http://www.guardian.co.uk/artanddesign/2004/may/04/art.museums de The Guardian  de 2004 existe en los museos una tendencia que nos devuelve a las épocas victorianas, cuando sólo quienes contaban con una fortuna personal podían dedicar su tiempo a veleidades museísticas. Hoy, razona Morris, con lo caro que resultan los postgrados, másters, etc. y los sueldos que reciben los trabajadores de la cultura en los museos (que comparativamente no son altos), volvemos a una situación similar.

Ayer, leyendo los tweets con el hashtag de #museumnext que acaba de terminar en Amsterdam, me quedé un poco desconcertada con una conversación entre @JasperVisser y @MarDixon. Creo que no es demasiado educado reproducir una conversación de Twitter en un post. Pero tampoco lo es usar esta jerga llena de neologismos y aquí me tienen. Así que seguiré hurgando en la conversación semi pública de Visser y Dixon. Lo cierto es que la he leído varias veces tratando de extraer todo su sentido y me temo que no es posible (falta contexto). Pero, resumiendo un poco, Mar invita a Jasper a ejercer algún tipo de voluntariado y él responde algo que merece ser citado literalmente “I do volunteer already to help those with limited funds or big hearts. When I can add value, I want value in return;-)”. Para los que necesiten traducción “yo ya hago voluntariado para ayudar a aquellos con pocos fondos o grandes corazones. Cuando añado valor, quiero valor a cambio” (luego viene un  simpático icono de sonrisa hecho con tipografía).

En los asuntos de cultura y patrimonio es complicado hacer entender esto que Jasper resume en un tweet. Recuerdo que @Museogogreen (Sara Manzanares) habló también sobre esto hace unos días en su blog.

Pero volvaDSCN1440mos a Jasper Visser, quien precisamente está ocupado con las cuestiones de cómo hacer un museo más social. Me interesa su definición, que va mucho más allá del museo que participa en las redes sociales, siguiendo el camino marcado por Nina Simon y su “museo participativo”.

A true participatory museum, in this sense, is the cultural equivalent of a social business. The social museum is a place where all individuals involved  work together to maximise the value of the institutions and that has the strategies, technologies and processes in place to facilitate this” (http://nckultur.org/images/dokument/From_Social_Media_to_a_Social_Museum_Jasper_Visser.pdf),  en español : “un museo verdaderamente participativo, en este sentido, es el equivalente cultural de una empresa social. El museo social es un lugar donde todos los individuos implicados trabajan juntos para maximizar el valor de las instituciones y que tiene las estrategias, tecnologías y procesos a punto  para facilitar esto”.

No estoy muy segura de cómo el discurso de clase marxista con el que he comenzado el post y esta segunda parte encajan.  

Pienso que es cierto que los grandes museos siguen gestionados por élites y con frecuencia para élites (culturales, turísticas). Y también que con personas como Visser o Simon, el cambio hacia un nuevo espacio de participación es posible. Sería paradójico que los diletantes de Morris construyeran el museo social. Tan paradójico como casi todo.  De ninguna forma imposible.  Pero veo más lógico que sean profesionales cualificados con perfiles muy distintos a los que estamos acostumbrados y especialmente sensibles a las necesidades de la sociedad quienes lideren ese cambio.

Hay una iniciativa relacionada con todo esto que me interesa: se trata del Museo Inclusivo http://inclusivemuseum.org/. Aquí he encontrado este documento que, pese a mis prejuicios cuantitativos, me ha gustado mucho: http://www.uis.unesco.org/culture/Documents/fcs-handbook-2-cultural-participation-en.pdf. Describe muy bien las barreras que muchas minorías sienten ante un museo. Vivo en Lavapiés, a pocos metros de MNCARS. Durante cinco años traté de que los niños del colegio público donde iban mis hijos hicieran una excursión con las madres de Bangladesh, Marruecos, etc. ayudando a los profesores. Fue imposible. Analizar las causas nos llevaría mucho espacio. Pero estoy segura de dos cosas: 1. las madres con las que hablé querían ir. 2. Normalmente no lo harían, no entrarían en un museo como el Reina Sofía (aun cuando organiza proyecciones de cine indio en colaboración con Imagine India u otras actividades que pueden resultarles atractivas). Pienso que necesitaban la excusa de llevar a sus hijos para hacerlo.

No se trata de un tema económico (hay horarios gratuitos). Se trata de hábitos y de percepciones. Sólo eso explica que en la mayoría de las actividades gratuitas de los museos (las infantiles, por ejemplo) casi exclusivamente participen quienes mejor podrían pagarlas. Esas son al menos mis impresiones.

Creo que he divagado un poco ¿vosotros qué pensáis del museo social? Seguramente se opone mejor a museo autoritario o a museo sin contradicción…

 

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