La Catedral de León y una gestión inclusiva del patrimonio

He empezado a hacer un storify del Encuentro de Museos y Redes Sociales organizado por el MUSAC de León y coordinado por Araceli Corbo. Me parece que esa es la herramienta con la que mejor se podría resumir este encuentro, lleno de twiteros armados con móviles y tabletas, a quienes era divertido reconocer en persona calculando su posición en la sala, con la técnica de contar cogotes en las fotografías que publicaban. Iba por la segunda conferencia cuando he empezado a pensar que había muchas elipsis en la narración. Y mientras el storify se me quedaba a mitad, he decidido que escribiría sobre lo que he aprendido fuera del MUSAC  y que tiene que ver con la aventura de descubrir un espacio mágico con una familia con niños y uno de sus miembros, ciego.  Supongo que los tags que usaré serán “accesibilidad”, “audioguías” y “Catedral de León”.

La visita a la Catedral de León ha sido para mí un ejemplo de una buena gestión cultural, en gran parte debido a  una historia bien contada: la contenida en la audioguía. Pero también debido a otros factores que voy a enumerar:

1.     La flexibilidad. Las personas que saben hacer su trabajo suelen tener la suficiente autonomía para aplicar las normas de forma flexible, hacer excepciones e incluso ignorarlas por completo. Espero que este post no tenga el efecto opuesto al que pretende, pero en la Catedral de León se es flexible con la norma absurda de no poder fotografiar o con la de no tocar. Cuando se visita un museo o un monumento con niños y con una persona ciega es fácil observar quién está preparado para ser flexible y quién no. Así hay instituciones que tienen una política social importante y que no saben trasladarla de forma transversal a todas sus actuaciones. En uno de nuestras visitas no muy lejanas a una sala de exposiciones en Madrid observé cómo el personal de sala había recibido instrucciones precisas con respecto a los niños (quienes podían acercarse a las piezas frágiles y antiquísimas sin que nadie diera síntomas de apoplejía) mientras que no estaban nada preparadas para recibir personas ciegas con mochila. Así, nos obligaban a llevar bolsos y mochilas colgados hacia delante, algo fuera de lógica cuando uno es ciego (la mochila así obstaculiza el guiado y hace que quien no ve pueda golpear lo que tiene delante). Si una norma en un contexto entra en contradicción con una política, quien debe aplicarla debería poder ser flexible.

2.     La entrada, separada para fieles y turistas. La entrada para ver la catedral es gratis para niños y para personas ciegas, incluso para las que no llevan tarjetas acreditativas pero lo son. Sobre los cobros en iglesias o en patrimonio compartido en sí creo que hay material para un post entero. Lo aparcaré. Lo que me ha gustado de la entrada en la Catedral de León es que al dividir en horarios los accesos turísticos y de misas, todo está mucho más claro y pactado. Las personas que realizan sus ritos religiosos no son molestadas por los no participantes en ellos y el visitante cultural también se siente más cómodo y respetado.

3. La audioguía. En León han optado por dotar en la entrada a cada visitante de un aparato de mano de esos cuya publicidad dice que “son los únicos que permiten un gesto natural” al sostenerlo. Aparatos alargados con una numeración que se han adaptado a los ciegos con un simple etiquetado del teclado en braille. Los niños adoptaron la novedad con alegría. No me gusta que nos “obliguen” a usar una audioguía. Además pensé que en pocos minutos me vería obligada a cargar con un rosario de audioguías abandonadas con la misma alegría con la que se colgaron del cuello. Pero me equivoqué.

Sí que comprobé que la audioguía individual hace bastante difícil la interacción del grupo: nuestros niños se aplicaron de tal forma en atender la grabación que su mayor orgullo era demostrarnos que iban por delante de nosotros en determinados momentos, usando el vocabulario específico recién aprendido y parando exactamente donde se les indicaba. Reconozco que pensé en una “gamificación” adicional basada en esto.

La audioguía de la Catedral no está hecha para un público demasiado específico pero es respetuosa y ofrece una interpretación abierta. Las claves para su utilidad:

-Es sencilla de manejo (cinco puntos, cinco números).

-Usa un lenguaje claro, sin estridencias, florituras y ¡sin demasiados lugares comunes!

-Cuenta con varios hilos narrativos, el más fuerte “la aventura de una población pequeña que tuvo la osadía de intentar en plena Edad Media reconstruir el reino de Dios en la Tierra”. No es este hilo un hilo técnico o de historiadores del arte. Heroicidad, poesía, simbolismo son conceptos que todos comprendemos.

-Deja espacios para la imaginación y para asimilar el discurso y los datos, que son siempre justificados por la narración.

-Da instrucciones precisas sobre qué hacer: dónde situarse, dónde sentarse. Pero, por supuesto deja que quien escucha se mueva y gire como un derviche maravillado por los colores y la luz de las cristaleras.

-Hace un buen uso de la música, adecuada por cronología y temática y que tiene sus espacios de protagonismo.

Esta audioguía resuelve el problema de la adecuación de los contenidos a varios públicos usando un esquema mínimo al que se le van añadiendo niveles. Es posible que los niños no entiendan todo pero pueden seguir el esquema de fondo. He estado pensando en el concepto de “social bridging” que defiende Nina Simon en este artículo http://museumtwo.blogspot.com.es/2013/05/using-social-bridging-to-be-for.html y creo que ser inclusivo debería ser cada vez más ser abierto, respetuoso y flexible (vuelvo al punto 1), en lugar de tener discursos segmentados. Que tal vez no siempre sea interesante crear contenidos específicos para alguien como pensar al crearlos que ese alguien (diverso) pueda usarlos y adaptarlos.

4. Las metanarrativas. Existen elementos a lo largo de la catedral (en un lateral, en una capilla, en el claustro que explican en paneles o con objetos los procesos de restauración de vidrieras y de esculturas.

Especialmente interesantes para una persona ciega resultan las representaciones en tres dimensiones. En el claustro se exponen un rosetón de piedra sin cristales y dos pináculos esculpidos que han sufrido siete siglos de intemperie. Tocarlos, apreciar sus texturas y volúmenes, sus formas, también su desgaste es emocionante. Todos sufrimos el fetichismo del objeto.  Es una espoleta para la imaginación y por supuesto ayuda a comprender cómo es el edificio gótico.

En la catedral de León los ciegos pueden tocar sin sentirse vigilados ni amonestados. Sin que tampoco nadie les remita a un programa específico para ciegos (algo ba

stante incompatible con una familia vidente).

En este capítulo de metanarrativas se incluiría el mapa en braille a la entrada de la catedral. Las representaciones en

dos dimensiones exigen demasiado esfuerzo a

una persona ciega. Generalmente una maqueta es más útil y adecuada, aunque el signo de bienvenida sí se percibe.

5. El universo táctil. En relación con el punto anterior, existen otros objetos que pueden tocarse en la catedral no solamente por los ciegos. Las puertas de entrada, talladas están accesibles al tacto y los guías de grupos usan el coro para sentar a personas mayores. Yo creo que en la Catedral de León descubrieron ya hace mucho tiempo que las cosas, incluso las muy bellas, muy antiguas y muy artísticas están hechas a la medida del hombre.

La catedral de León es parte de la identidad de la ciudad, del patrimonio común y de la historia del arte universal. Pero obviamente es también un edificio religioso de una institución viva, la iglesia católica.  Que la cultura esté viva, sea significativa y provoque cambios es uno de los objetivos más importantes de quienes trabajan en la difusión del patrimonio y por tanto en redes sociales.
Me llamó mucho la antención la existencia de un cajero para hacer donaciones en medio de la catedral.  Pensé muchas cosas, una, que hace falta mucho “engagement” para tener algo así…

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2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Muchas gracias por la información. No conozco todavía la catedral de León, pero este post me ha abierto las ganas, la verdad.

    Me parece especialmente interesante lo que cuentas sobre las posibilidades de interacción con personas ciegas. Quienes no tratamos frecuentemente con personas ciegas, normalmente tendemos a olvidarnos de ellos para planificar acciones de difusión del patrimonio. Y, curiosamente, propuestas como la que explicas en esta catedral, desarrollando el aspecto “táctil” del patrimonio, pueden ser disfrutadas por todos.

    Un saludo.

    1. Sí, es un lugar muy hermoso y en cuanto a las visitas teniendo en cuenta la diversidad (en este caso la ceguera), yo pienso que adaptar un poco, dar signos de acogida y no poner trabas innecesarias es la clave.

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