El lunes después de Educación+Creatividad

“¿Cómo va a afectar lo que hemos hablado a tu trabajo el próximo lunes?” preguntó Linda Norris, con su expresión amable pero enérgica hace dos días. No supe qué contestar. Intuía que en el día de hoy muchas de las ideas presentes en el I Encuentro de educación+creatividad organizado por el Área de Educación del Museo Thyssen-Bornemisza me ocuparían pero no sabía de qué manera.

Había que contestar algo en ese momento, corresponder a la generosidad de quienes habían compartido sus ideas con nosotros con una experiencia personal que les dejase ver que estaban contribuyendo a un cambio. Alguien del público habló  al fin y dijo algo hermoso. Dijo que en este lunes, en su lugar de trabajo (que visualicé como un espacio con mesas de despacho, ordenadores, plantas y máquina del café), guardaría un espacio para el silencio. “¿Será capaz?”, pensé. Esas cosas las dice una contagiada por el calor de unos ponentes brillantes y entusiastas, pero es difícil hacerlas. Romper las rutinas ¡la inercia! crea ansiedad y estrés y según mi teoría psicológica de bolsillo sólo aquellos individuos a quienes las rutinas les causen todavía más ansiedad y estrés se atreverán a luchar contra ellas.

Es lunes y  pienso que sí, que quien levantó la mano para participar se ha acordado esta mañana del silencio y que también el resto del auditorio lo ha hecho, como yo. Llevaba un tiempo pensando en ello y lo había incluido en mi presentación del miércoles en Transmediaz en esta imagen, donde la luz del claustro de una abadía gótica se me aparecía como la representación de lo narrativo, lo comunicativo y participativo frente a los muros pétreos donde lo material y la institucionalización predominan.

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Es complicado a la hora de contar historias ceder a los silencios. Plantear cuestiones pero no contestarlas. Dejar espacio a la participación… establecer mecanismos de juego y de reciprocidad y esperar al otro.

“La educación en los museos nos ha dado la oportunidad de ser subversivos” dijo Daniel Castro, el director del Museo de la Independencia, en Bogotá. Y lo decía con todas las “cés” del mundo: con coherencia, con creatividad, convicción….

Daniel, que admira a Jabès, a Didi-Huberman a Morin… que se escandaliza de cómo los vigilantes impedían al público interactuar a su gusto en el Retiro con la obra de Cildo Meireles, que nos mostraba con qué sensibilidad se hacía partícipes a los niños en su museo, me descubrió esta ecuación:

Museo (memoria+creatividad) = Cambio social

Fue el lema de la celebración del Día Mundial de los Museos elegido por el ICOM. Las cinco líneas que proponía el ICOM son muy interesantes. Las recojo aquí con una única (pero importante crítica): traduzcan mejor o corrijan la expresión “jubilados benevolentes”. Las líneas son estas:

Estructuras de educación informal. El museo educa de manera lúdica, es un lugar donde se inicia a la cultura sin obligación, donde se favorece el conocimiento a través de medios renovados constantemente.

Un espacio social arraigado en su territorio. El museo es actor de la identidad y del dinamismo de un territorio. Contribuye con su acción a valorizar el pasado de su territorio y a construir su porvenir.

Un vínculo intergeneracional. Los museos mantienen y reavivan la relación entre una comunidad y su historia. Representan espacios de diálogo entre generaciones.

Una presentación moderna del patrimonio. Los museos han sabido relevar rápidamente las oportunidades de comunicación y mediación que permiten los nuevos medios y están muy lejos de la vieja imagen que pudieron tener.

Prácticas innovadoras para mejorar la conservación. Los dispositivos de conservación mejoran y el museo se convierte en un verdadero laboratorio donde las técnicas de trabajo evolucionan continuamente.

http://network.icom.museum/fileadmin/user_upload/minisites/imd/images/120820_IMD2013_musees_kit_ESP_FINAL.pdf

También me interesó mucho lo que contó Guillermo Fernández Navarro sobre los museos de ciencias, cuya relación con la escuela suele ser estrecha: ¿qué ocurre antes y después de la visita escolar del colegio al museo en el aula? ¿no debería la relación inscribirse en un proceso en lugar de ser algo puntual y desconectado del día a día?

Y también el concepto de que la interactividad ha de ir mucho más allá de accionar mecanismos externos (botones, palancas…): el objetivo ha de ser involucrar a los niños en el conocimiento.

Rafael Lamata nos puso a mover una botella con la mente. Bien, algunos lo conseguimos. ¿O es que nadie se dio cuenta?

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2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Sí estuve en silencio… Hasta qué sonó el teléfono y entraron al despacho y se puso en marcha la rutina del día a día que nos hace que en este País, en el que asumimos demasiadas cosas a la vez, aparentemente seamos más eficientes. Esto es una trampa que nos hace que cada vez podamos disponer de menos tiempo para la reflexión que realmente nos conduciría a ser más creativos y seguramente más eficientes. Me voy a comprar una planta para que mi despacho encaje en tu imagen… Siempre me puedes visitar en el Museo Nacional de Ciencias Naturales. Saludos

    1. ¡Y a veces el silencio en lugar de aislarnos, nos conecta de maneras inesperadas! Muchas gracias por escribir. ¡Pues en el Museo Nacional de Ciencias Naturales claro que tiene que haber plantas en los despachos! Algún endemismo de la Isla de Pascua o algo así, tampoco vais a tener plantas cualquiera ahí…

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