¿Y si el Paseo del Prado fuera más como Balboa Park?

El Museo Naval celebró en 2013 el quinto centenario del descubrimiento del Océano Pacífico por parte del adelantado Vasco Núñez de Balboa. En una extraña simetría, desde un parque americano, en San Diego, hemos descubierto un extraordinario proyecto de educación en museos que se desarrolla en un lugar que lleva su nombre: Balboa Park.
Allí se encuentran algunos de los museos más importantes de la ciudad y también el Zoo. Y allí tiene lugar “The School in the Park” o la escuela del parque. El proyecto surgió en 1999 en un colegio público de la ciudad cuyo número de alumnos superaba la capacidad de sus aulas. En “Challenging the Classroom Standard through Museum-Based Education”, Pumpian, Fisher y Wachowiak cuentan cómo en un contexto de recortes presupuestarios ellos decidieron no suprimir las salidas escolares, como tantos otros colegios sino, precisamente reforzarlas. Convertirlas en parte importante de la programación, con estancias en museos de una semana que se repiten varias veces a lo largo del curso en distintas instituciones culturales. Ello ha implicado un trabajo conjunto de la escuela y los museos, una preparación de las visitas con objetivos curriculares concretos y una evaluación de los resultados. Nada que ver con las excursiones para premiar a los alumnos con un día libre de rutina.
Durante estos años la Escuela en el Parque (http://schoolinthepark.net) se ha convertido en un referente sobre cómo aprender matemáticas en el Museo Aerospacial o a leer gracias a los estímulos hallados en el museo de Historia. Las clases empiezan desde el mismo momento en el que los niños suben al autobús. Aprenden a resolver problemas concretos con materiales muy inspiradores y además se implican con las instituciones que visitan, las hacen suyas. Incluso traen a sus familiares en vacaciones para mostrarles algo de lo aprendido o experimentado.
libroLos responsables de la escuela, inspirados por las ideas de Dewey, están convencidos del éxito de su proyecto, que en los últimos años incluye también el uso de tecnología de realidad aumentada mediante móviles.
Están muy preocupados con mejorar el rendimiento escolar demostrándolo numéricamente ya que quieren terminar con el estigma de tener calificaciones bajas. Por lo tanto el reto que plantean al sistema escolar no es un reto fuera de ese sistema (no son “unschoolers”) sino el de enseñar mejor usando los museos, es decir, los recursos públicos. La mayoría de los alumnos son hispanos o emigrantes de otros lugares y el programa es posible gracias a las importantes donaciones de benefactores privados.
Lejos de California, Jay P. Greene, Daniel H. Bowen and Brian Kisida, de la Universidad de Arkansas han publicado recientemente los resultados de un estudio sobre el impacto de las visitas a un museo en el aprendizaje escolar. En las conclusiones compartidas en Education Next (http://educationnext.org/the-educational-value-of-field-trips) señalan:
“Un patrón recurrente en nuestros resultados es que los beneficios de una visita escolar son generalmente mucho mayores para estudiantes con orígenes menos favorecidos. Los estudiantes de zonas rurales y de colegios con tasa de pobreza alta, así como los estudiantes de minorías, muestran cifras dos o tres veces mayores que el resto de la muestra. Los estudiantes menos favorecidos que recibieron por sorteo la visita escolar a un museo de arte mejoraron excepcionalmente su pensamiento crítico, su empatía histórica, su tolerancia y se convirtieron en consumidores de arte”.
Nina Simon, la autora del influyente blog “Museum 2.0” y directora del Museo de Arte e Historia de Santa Cruz, en California dice que este tipo de estudios deberían ser utilizados por los propios museos para tomar decisiones sobre, por ejemplo, a quien dirigir mayores esfuerzos ya que no piensa que puedan ser utilizados en una escuela para hacer frente a problemas como el de encontrar dinero para el autobús.
En nuestro país el estudio de público “Conociendo a nuestros visitantes” realizado por el Ministerio de Cultura tenía como objetivo trazar un perfil del visitante para cumplir mejor con las necesidades de los visitantes. Si bien es cierto que al final del estudio se sugiere la posibilidad de que lo museos adapten sus políticas de difusión para cambiar esos datos no se incide suficientemente en la necesidad de hacer un museo más inclusivo y social.
Los datos pueden ser consultados en resumen aquí: http://www.mcu.es/museos/docs/MC/Laboratorio/Resumen_ejecutivo_red.pdf.
Una vez yo soñé con una Escuela en el Parque. Estaba en Lavapiés, muy cerca de los mejores museos de arte de nuestro país, del Jardín Botánico, del Museo Naval… Si hubiera entonces conocido el ejemplo de Balboa Park quizás hubiera podido impulsarlo mejor en la pequeña escuela pública donde llevé a mis hijos. Pero creo que el ejemplo de la ILE y del Santiniketon de Tagore estaba demasiado lejano para los profesores, también el de las comunidades educativas y Balboa… Para mí el fracaso significó un simple cambio de colegio. Pero sigo pensando que hubiera sido mucho mejor conseguir hacer una Escuela en el Parque. Y más justo.

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