A propósito del concurso del Museo del Prado: la educación en museos no es ocio educativo

El Museo del Prado ha sacado a concurso su servicio de educadores. Las páginas de empleo en internet se han llenado de ofertas para licenciados en Historia de Arte, preferiblemente con Master y con “experiencia demostrable en conceptualización y conferencias sobre Historia del Arte con especialización en las colecciones del Museo del Prado” (esta es una condición que el museo impone al 15% de la plantilla).
He tenido la oportunidad de leer con detenimiento la documentación del pliego e incluso he redactado una propuesta (no presentada). Durante unos días he imaginado cómo sería un servicio de educadores en el Museo Nacional del Prado (un ejercicio que recomiendo a todos los que a su vez en alguna ocasión me recomendaron salir a correr; ejercicios, por otra parte, que tal vez estén más relacionados de lo que pudiera parecer). Este post no es sino un resumen de mis fantásticas visiones al tiempo que, mucho me temo, una evidencia de mi baja forma y una disculpa para todos aquellos a quienes he movilizado en estos días buscando crear un gran equipo.
Así, inspirada por las voces oídas en el curso de Museum Mediators, por alguna lectura de Sánchez e Serdio sobre “DEAC”, mi experiencia de educadora transmedia y mi gran tesón, me lancé a escribir hace unas semanas:

La Empresa X (donde X es el seudónimo de una eficaz empresa) aportará a este servicio un equipo formado y experimentado en la educación en contextos museísticos (…) Los educadores buscarán la creación de conexiones con la obra de arte y aportarán significados. Serán puentes, mediadores que se apoyan en sus experiencias y en su formación ecléctica: en Historia del Arte y también en otras disciplinas como la Comunicación, la Filosofía, la Antropología o el Arte Dramático.
Los educadores, responsables de la transmisión de conocimiento necesitan autonomía para su voz. Ellos elaboran a partir de los materiales aportados por el museo un guión donde sólo una parte de los diálogos se conoce y que induce el nacimiento de nuevas preguntas a veces imposibles de contestar, casi imprevisibles y siempre valiosas en sí mismas.

He aquí el principal obstáculo, el choque con la organización sugerida por las bases. Porque lo que subyace en ellas es una jerarquía que he descubierto es un reflejo bastante fiel del Convenio colectivo de Ocio Educativo y Animación Sociocultural (pueden leerlo aquí http://www.boe.es/boe/dias/2014/02/07/pdfs/BOE-A-2014-1313.pdf).
En este convenio existe un “personal de gestión” y un “personal de atención educativa”.
El modelo que viene a sancionar el pliego del concurso es este: unos gestores planifican de acuerdo al departamento educativo del museo las visitas y talleres. Las “conciben” o “conceptualizan” y encargan a unos educadores (en algún momento se les llama “monitores”) que las pongan en acto.
La remuneración según el citado convenio colectivo en ningún caso supera los 1.500 euros brutos del director.
En el pliego del Prado se especifica que el precio hora máximo pagado por las visitas será de 32 euros.
Mi alma matemática y deductiva despierta y se pregunta ¿cuánto cobra un conferenciante por hablar sobre las colecciones del Prado? Y rápidamente entiendo que los conferenciantes no serán “educadores”, sino “gestores” (quienes cobran aproximadamente doscientos euros más, pero sin alcanzar la cifra mágica de los 1.500). Los educadores, de ser degradados a “monitores” verán recortado su sueldo otro tanto.
De ahí mi hábil discurso sobre “la voz” y el espacio de cada cual. Porque sólo faltaría, recuerdo que pensé, que después de los títulos, los másters y los años de experiencia, el museo no confiase en la capacidad del mediador de crear una experiencia única para los visitantes.
Los sueldos serán necesariamente bajos con estas bases en cualquier caso pero no es esto lo que necesito subrayar ya que es evidente: lo que quiero decir es que me parece imposible que un gestor o un educador haga el trabajo de mediación sin una autonomía que si bien no se ve recompensada en el sueldo, su preparación, experiencia y capacidad deben otorgarle y el museo reconocerle.
Si yo fuera mediadora en el Prado no podría mostrar el cuadro de las Meninas a los niños de Primaria partiendo del concepto de familia (como prescriben los “conceptualizadores” obligados a hacer encajes de bolillos con los currículos para acabar ocultando más que mostrando). Seguramente crearía una historia (es lo que suelo hacer mejor) e invitaría a los niños a inventar otras. Si la mediadora fuera una actriz o una música, la mediación sería distinta. El mediador tiene que tener un talento y una formación. No es que no pueda ser instruido en un programa pero la puesta en acto es tan esencial que considero absurdo: 1. Pedirle a los educadores capacidad conceptualizadora para después impedirles usarla.
2. Estimar que los educadores están en un rango inferior que los gestores-conceptualizadores.
¡Los educadores son también conceptualizadores en tanto que son educadores!.
En mi ensoñación el equipo de educadores aprendía con puestas en común, ensayos y formación específica en “Visual Thinking” y otras estrategias de mediación, además de en Historia del Arte.
Los títulos y formación que se exigen a un educador de museos equivalen a por lo menos siete años de estudio y en el caso del pliego del Prado a cinco de experiencia. Pero es que los educadores de Museo reconocen la necesidad de estar aprendiendo continuamente e innovando.

No hay referencia en el pliego del servicio de educación del Prado a las nuevas tecnologías, a los MOOCS, a las videoconferencias, etc. ¿Por qué?

Tampoco entiendo por qué las actividades principales son las destinadas a colegios, cuando los profesores tienen disponible toda la información para trazar su recorrido personalizado. Despertar la fascinación por el arte debería ser la principal razón de la programación educativa de cualquier museo.  Para ello debería contar con equipos motivados, ilusionados, además de preparados.

No recuerdo haber leído nada acerca del Convenio de Ocio Educativo en las bases escritas por el Museo del Prado pero sí que coincide en las divisiones jerárquicas que propone y a él se refieren no por casualidad las empresas que en internet buscan formar equipos para acudir al concurso. Creo que si para alguien es importante la misión de mejorar los estándares educativos del país, podríamos empezar por reconocer que la educación en museos podrá ser “no formal” pero de ningún modo es “ocio educativo”. Para algunos es difícil de entender (más si se usan marionetas o aparecen actores) pero yo creo que simplemente la educación en museos es la que debería ser en todas partes: educación experiencial, estimulante, sensual, reflexiva y crítica.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s